Hay experiencias que terminan, pero dejan una huella tan profunda que invitan a volver.
Este verano, Natividad ha regresado a Cuba por segunda vez para continuar compartiendo su tiempo y sus conocimientos con las comunidades acompañadas por las misiones. Durante tres meses, ha vivido de cerca el día a día de distintos proyectos y ha participado en actividades educativas y de acompañamiento dirigidas tanto a niñas y niños como a mujeres.
Una de sus principales tareas ha sido impartir clases y actividades educativas a los niños y niñas, acompañándolos en su aprendizaje y compartiendo con ellos momentos de juego, conversación y convivencia.
Pero su experiencia también ha estado muy vinculada al acompañamiento de las mujeres. Natividad ha impartido seminarios sobre autoestima y crecimiento personal, creando espacios donde poder reflexionar, compartir experiencias y fortalecer capacidades personales.
Su regreso a Cuba tiene además un significado especial. Después de una primera experiencia, volver supone reencontrarse con personas, lugares y realidades conocidas, pero también descubrirlas de nuevo desde otra perspectiva. Porque el voluntariado no es una experiencia de una sola dirección: quienes participan llegan con algo que ofrecer, pero también regresan con nuevos aprendizajes, vínculos y una mirada diferente sobre el mundo.
Durante estos tres meses, Natividad ha puesto al servicio de las comunidades su tiempo, sus conocimientos y su cercanía, pero sobre todo ha compartido algo mucho más importante: su presencia y su cariño.
En Fundación Madreselva ONGD creemos que el voluntariado internacional puede contribuir a generar espacios de encuentro y aprendizaje mutuo, siempre desde el respeto a las comunidades y a los procesos que se desarrollan sobre el terreno.
Gracias, Natividad, por volver a Cuba, por tu compromiso y por vivir estos tres meses con tanta entrega. Gracias por tu amor a la misión y por seguir formando parte de esta manera de construir un mundo más justo y solidario. 💙




